PERFECTO
- Nov 10, 2014
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Por Gustavo Abril

¿Te recuerdas del día en que tratamos de hacer un picnic en aquel lugar boscoso desde donde se veía el lago? Todo se complicó: salimos demasiado tarde y cuando llegamos al sitio, caía una pertinaz llovizna; el ambiente estaba tan húmedo que no había lugar para hacer el asado, y para colmo de males, con tanta carrera dejé olvidados los fósforos, el sacacorchos y el abrelatas.
No sé cómo logré descorchar aquel Pinot chileno que se te fue a la cabeza y te hizo reír a carcajadas por la rabieta que hice, pero el vino fue suficiente para que quisiéramos envolvernos por el sonido de la lluvia y exponer la piel al frío hasta empañar con el calor de nuestros cuerpos todos los cristales del auto.
¿Sabes una cosa? Si quisiera repetir ese día, no trataría de enmendar mis descuidos: no me aperaría de fósforos, sacacorchos o abrelatas, ni siquiera cambiaría mi viejo Volkswagen por algo menos estrecho. Si quisiera enmendar las cosas, cambiaría la compañía. Eso es: te cambiaría a vos; eso sí haría que mi recuerdo de aquella tarde fuera del todo perfecto.
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Fotografía encontrada en http://javierazul2.blogspot.com

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