TAMBIÉN APRENDÍ
(Tomado del libro “Asuntos íntimos de un hijo de vecino”)

Empiezo a vivir después del espanto y su posterior letargo. Respiro a pulmón abierto mientras las cosas se ponen de nuevo donde lo ordenó el Divino… es decir:
El “ayer” es pasado.
El “presente” es “hoy” -y no lo que antes era-.
El “mañana” sólo existe en ideas y sueños -y riesgo hay de que nunca suceda-
De la muerte que morí, a precio de pellejo aprendí que absoluto solo es Dios, que no hay vicio que mate una pena, que no hay dolor que sepa vencer al tiempo, y que “malo” y “bueno” no son más que flanco derecho e izquierdo de la misma mierda.
También aprendí que “hombre fuerte” no es el que tiene más grueso el cuero, que no hay mal que con otro mal no venga, que Dios es Dios -exista o no exista-, y que con constancia, suerte y paciencia, se puede bajar luceros hasta del más encumbrado cielo.
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Fotografía: http://abracabadra.blogspot.com